Así preparé una habitación Montessori con muebles de Ikea para mi hijo de 18 meses

En este post te cuento todos los cambios que hicimos en la habitación de Gabriel para adaptarla a su crecimiento. Siguiendo la filosofía Montessori, queríamos dejarle un ambiente preparado para que se sienta integrado en casa y vaya siendo cada vez más autónomo. Además, nosotros solemos apostar por el minimalismo (en la medida en la que todos los cachivaches del peque nos dejan) y el low-cost. Este fue el resultado.

De cuna a cama

En septiembre, justo cuando Gabriel cumplía año y medio, decidimos hacer algunos cambios en su habitación y dejársela más “de mayor”. Hasta ahora sólo teníamos su cuna, una mecedora y el cambiador, pero íbamos viendo que la mecedora ya no la usábamos apenas y que la cuna se hacía pequeña —además del horror que suponen esos barrotes tanto para él, que parece que está en una cárcel, como para nosotros a la hora de dormirle—.

Fue casi por casualidad. Revisando el libro “Educar en la felicidad”, de Marta Prada, vimos en una de las fotos que la cama de su hijo era un simple colchón en el suelo y nos gustó mucho la idea: era práctica, minimalista y le daba mucha autonomía a nuestro peque. Tres en uno.

Me estuve informando sobre ello. Ya que la idea la habíamos sacado de su libro y que soy una fiel seguidora de su cuenta “Pequefelicidad”, busqué en su blog y no me fue difícil encontrar este artículo en el que Marta hablaba precisamente sobre las “Camas Montessori”.

Tras leerlo, me terminé de convencer de que esa era la forma más respetuosa y sencilla de hacer el paso a la cama y mientras valorábamos opciones y comprábamos todo lo necesario, le sacamos ya de la cuna el colchón que había estado usando hasta ese momento y se lo pusimos encima de la alfombra de juego. Durante unos días hicimos así la prueba y comprobamos qué tal le resultaba a Gabriel dormir sin nada por los lados.

Colchón al suelo

Fue un éxito, la verdad. En cuanto vio el colchón en el suelo supo enseguida que era para dormir ahí y cuando fue la hora —después de la rutina que hacemos de cena, baño y cuento— fue directo a tumbarse sin que nosotros tuviéramos que pelear con él.

Así que me puse manos a la obra. Quería aprovechar, ya que hacíamos cambios, para montarle también un pequeño rincón de lectura en su habitación. Me parece esencial promover buenos hábitos ahora que son tan pequeños y absorben todo como esponjas.

Consulté primero en Amazon y en Ikea online para ver opciones y leer opiniones y después me paseé por varias colchonerías de Gijón. Os confieso que la idea de dejar el colchón tirado directamente sobre el suelo no la terminaba de ver —así no transpira bien y no me parecía lo más higiénico—, así que fue a eso a lo que le estuve dando más vueltas.

Las caras que me pusieron en las tiendas de descanso cuando sugerí la opción de echar el colchón sobre algo muy finito que pudiera ir directamente al suelo fueron un poema. En uno de los sitios tuve una conversación tal que así:

—Quería dejarle la cama lo más a ras de suelo posible. ¿Vosotros vendéis algo que no lleve patas?

—Uf, yo eso no lo haría.

—¿No? ¿Por qué?

—No sé, lo veo muy japonés.

—Vale, pero no tiene nada de malo para el colchón ni para el niño, ¿no?

—No, no, el niño va a estar encantado, pero tú sabrás si quieres dejarte la espalda haciendo la cama.

Pues sí. Efectivamente, dejarme la espalda haciendo la cama era mi problema. En otra tienda el tono fue similar. Me explicaron que sí, que, por poder, podía poner una base tapizada en el suelo, pero que las patas se solían llevar, como mínimo, de unos 20 cm. (no recuerdo exactamente la medida) para que entrara bien la aspiradora por debajo. Perfecto. Terminé de quedarme tranquila: las dos razones por las que no debería poner el colchón en el suelo eran mi espalda y el polvo. No había problema. La casa y yo podríamos con aquello.

De compras en Ikea

Con toda la información ya en mi cabeza, terminé en un punto de venta de Ikea. Allí, por fin, encontré una base tapizada barata que podía dejar sin las patas, un colchón decente y todo lo necesario para montarle su rincón de lectura sin que el hecho de añadirle el apellido “Montessori” a esos muebles hiciera que el precio se disparara. Lo dejé todo encargado y en menos de una semana me lo sirvieron a casa.

El precio total de los muebles subió a algo más de 400 euros, 50 de los cuales fueron de transporte, pero no hubo más remedio que pagarlos porque era imposible cargarlo todo en mi coche.

Os dejo a continuación los enlaces de todos los productos. Como os digo, es todo de Ikea excepto la funda del nórdico, que es de Amazon.

Cama y complementos

Base tapizada y cuatro patas de 90x200 cm. Brasöy. 69€

Colchón de muelles embolsados de 90x200 cm. Hövag. 169€

Sábana bajera 100% algodón Dvala. 8€/u.

Protector de colchón impermeable Grusnarv. 7€/u.

Funda nórdica y funda de almohada de vehículos de construcción de Amazon. 21€

Nota: Si compras la funda del nórdico a través de mi enlace, a ti te cuesta lo mismo y yo me llevo una pequeña comisión de Amazon. Así me ayudas a seguir creando contenido gratuito.

Rincón de lectura

Expositor de libros Flisat. 25€

Almacenaje de colgar Flisat. 15€

Sillón de lectura Poäng con motivos de dinosaurio. 35€

Ojalá te haya resultado útil este artículo y hayas cogido algunas ideas para preparar la mejor habitación para tu peque. Si te has quedado con cualquier duda o algún enlace no te funciona, no dudes en escribirme a hola@palabrasparamama.com. ¡Me encantará ayudarte!

También puedes dejar en comentarios qué te ha parecido el post o si ya usáis en casa alguno de estos muebles.

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